Asegúrate de que tienes el control de tu objetivo
¿Tienes el control de tu objetivo?
¿Sabes? Me encuentro con relativa frecuencia personas que quieren mejorar sus vidas a través de objetivos que poco o nada pueden hacer para conseguirlos; son ese tipo de metas que, de algún modo, «imponen» a otros.
«Quiero que mi padre deje de quejarse tanto», «Quiero que mi pareja me tenga más en cuenta» o «Quiero que mi jefe me valore más» son buenos ejemplos. También me encuentro con personas que en un momento dado me dicen cosas como «Quiero que los políticos creen más empleo» o «Quiero que haya más justicia».
Mira, lo que acabas de leer no son objetivos; son más bien deseos al viento. Si en algún momento tienes objetivos de este tipo, ya puedes esperar sentado a que se cumplan… eso sí, te recomiendo altas dosis de paciencia ya que es posible (más bien probable) que jamás se conviertan en realidad.
¿Qué tienen en común todos estos objetivos? Sencillo: están lejos de tu rango de acción. Tal y como los has definido no puedes hacer nada para que se cumplan: no puedes entrar en la mente de nadie y decirle cómo debe pensar o cómo se tiene que comportar contigo; tampoco puedes hablar con «el orden mundial» y convencerle de que el planeta debe ser un lugar más justo (¡en base a tus criterios de justicia, claro!).
No son objetivos. Son otra cosa.
Así, para que un objetivo pueda llamarse así, «objetivo», siempre tienes que poder hacer algo para conseguirlo. ¿Tiene sentido, verdad?
Regla de la acción# Tienes que poder iniciar y mantener acciones que te acerquen a tu objetivo
Albert Einstein definía la locura como «tratar de obtener resultados diferentes haciendo siempre lo mismo». En otras palabras: si no cambias nada, nada cambia.
Tienes que poder «hacer» algo para comenzar el viaje al encuentro de tu objetivo; del mismo modo, deberás poder establecer acciones y tareas que mantengan el rumbo hacia donde quieres ir. Dichas acciones también te permitirán tener margen de maniobra para corregir el rumbo e incluso, llegar a la conclusión de que tal vez tengas que transformar tu objetivo como resultado de las tareas que has realizado.
Ensayo y error. Esa es la clave.
Es más, yo lo llamaría ensayo y acierto ya que cada vez que haces algo y no obtienes los resultados que esperas, siempre aprendes del resultado y para mí aprender siempre es algo bueno; por extensión todo lo bueno es un acierto. Entendiéndolo de este modo podríamos incluso concluir que el fracaso no existe.
Victimismo Vs. Responsabilidad
Normalmente nos ponemos este tipo de objetivos mal formados cuando por alguna razón sentimos que somos víctimas de alguien: de mi jefe, de mis padres, del sistema, de mi empresa, de mi pareja, etc.
No me voy a andar con rodeos: estás en el lugar en el que te encuentras como suma de todos tus pensamientos, decisiones y acciones. Tal vez podría creer que eres víctima de algo si tuvieras 16 años, pero si tienes 18 o más déjame decirte algo: tú solito/a te has puesto en el lugar en el que te encuentras.
Mira, vivimos tiempos complejos y es profundamente legítimo creer que son los demás los que tienen que hacer algo para que estés bien. Así todo, la pregunta que te hago es, ¿sirve para algo? Es una pensamiento legítimo aunque carente de utilidad: mal negocio supeditar tu bienestar a la decisión o acción de otras personas.
Mira el lado bueno: sentirte responsable de dónde estás tiene un efecto secundario fantástico: ¡tienes es poder de moverte hacia donde quieras! La responsabilidad puede ser incómoda cuando te señala con el dedo en momentos complicados, aún así, te da la posibilidad de hacer lo que tienes que hacer para ir a ese lugar donde te encuentras bien. ¿No es fantástico?
Me encanta sentirme responsable de todo lo que me pasa. Eso significa que siempre puedo hacer algo para cambiar aquello que no he conseguido (o esperaba conseguir) a través de nuevas formas de pensamiento o de acción.
Otra reflexión: más responsabilidad = más libertad. No puedes ser libre e independiente si esperas que algo pase ahí fuera para sentirte feliz, para sentirte bien. Eres responsable de tu vida y esto incluye tu libertad, independencia y también de tu felicidad.
Por favor: no pongas tu bienestar en manos del mundo exterior.
Herramienta #: transforma tu objetivo hasta que sientas que tienes el control del resultado
Así, si tu objetivo inicial (mal formado) es «Quiero que mi jefe deje de ignorarme», ¿cómo podemos transformarlo de modo que pasemos la responsabilidad y posibilidad de conseguirlo a nuestro rango de acción?
Allá vamos.
1# Averigua «para qué» quieres ese objetivo mal formado
Tienes que conocer el para qué de tu objetivo mal formado. En nuestro ejemplo, ¿para qué quieres que tu jefe deje de ignorarte? ¿Qué vas a conseguir una vez que tu jefe te haya dejado de ignorar?
Imagina que ya se ha cumplido ese objetivo, ¿qué te aporta? ¿qué es diferente en tu vida y en la vida de las personas a las que proyectabas tu objetivo? Anota todas las consecuencias positivas ya que realmente será tu verdadero objetivo.
Ejemplo: Mi jefe me escuchará más y valorará mi trabajo. Yo estaré más productivo y proactivo.
2# Cambia el enunciado hasta que puedas establecer tareas concretas para conseguirlo
Con la información del punto anterior, piensa: ¿qué puedes hacer tú concretamente al respecto para conseguir tu objetivo? En nuestro ejemplo, ¿qué podrías hacer tú concretamente para que tu padre no se quejase tanto? Así, tal vez puedes ponerte como objetivo escucharle más y mejor o proponerte echarle una mano durante un tiempo determinado.
Importante: recuerda formular el objetivo en términos positivos.
Reformula el objetivo de modo que, aún manteniendo de fondo un posible efecto deseado (que tu jefe deje de ignorarte), el objetivo esté siempre dentro de tu rango de acción.
Ejemplo: Quiero hacer lo posible para sentirme escuchado y valorado en el trabajo. Además, quiero poder aportar más de lo que actualmente estoy haciendo.
Ahora, dime: ¿puedes iniciar y mantener tareas concretas que te acerquen tu objetivo? Escribe tus comentarios, dudas o aportaciones en este post!!
¿Quieres ampliar información? Vuelve al artículo «Cómo formular objetivos«


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